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jueves, 24 de junio de 2021

MI POEMA 'LA POESÍA NO ES DE LIBROS".












LA POESíA NO ES DE LIBROS.
(Poema. Armando Prieto Sust.)

"No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira.

Podrá no haber poetas, pero siempre

habrá poesía..."
("Rimas", de  Gustavo Adolfo Bécker )

 

No preguntes

de dónde viene la poesía

No busques la respuesta

en los poetas.

 

La poesía no es de libros

ni es de páginas, 

ni de las webs,

ni de los anaqueles;

ni de repisas apiladas

ni de olvidados entrepaños

en las heladas estanterías

que tan poco han visto luz

y tanto siguen viendo polvo

-aún cuando las limpian-, 

en librerías anquilosadas

o en disecadas bibliotecas.

 

Ni es de revistas

con tiradas recordistas

ni de "best sellers" 

con millones en galera

 

La poesía tampoco es de palabras

sembradas como en un invernadero

en los labios embalsamados

de reyes del histrión

ni de líderes del show

ni de los campeones declamadores

ni de los ases de la locución

ni en la de los oradores permanentes

ni de los charlatanes eventuales

ni en las de los cantamañanas

partidarios de políticas

ni en las de gallos cacareantes por azar.

 

Ni es de plumas,

ni de lápices,

ni de bolígrafos

ni de ninguno que otro "grafo".

 

La poesía

no es de imprentas

ni de papelerías

ni de bazares acaudalados

ni de boutiques

-¡mucho menos!-

ni es de caracteres digitálicos

ni de máquinas dactilógrafas,

ni de carboncillo,

ni es de geroglíficos

ni de códices ilegibles 

o borrados casi

 

No preguntes

de dónde viene la poesía.

No busques la respuesta en los poetas.

 

La poesía no es de libros.

La da la naturaleza.

 

La traen la lluvia, el sol

el viento, el pan, el frío

las sequías y las exequias,

las exequias y los nacimientos 

las tormentas

los seísmos, los tsunamis, los secuestros

-los más sonoros y los más esquivos-,

y las hambres.

 

Viene también en las matanzas

en las de fuego abierto

y en las de fuego lento.

 

La traen los pájaros cantores

pero también los mudos

los plumíferos y los de hierro

esos que arrojan plomo y pólvora secante

y las abejas con flores y sin flores

con y sin flores que libar.

 

La poesía yace,

pero también, a veces,

pace 

en los surcos

en las siembras que todo lo alegran

con sus frutos frescos

y en las que enlutan todo con engendros fatuos.

 

La poesía yace

por entre el trigo que se despeina con el viento

en la semilla, en la simiente

y en el semen,

tanto en el semen primerizo

como en el debutante,

en el "de gatillo alegre",

en el decepcionado

en el pródigo y en el escaso,

en el entusiasta,

en el decadente

y también en el cansado semen.

 

La poesía yace y pace

entre las flores y las plantas,

en los jardines y en los páramos

entre los montes y los pastos.

A menudo también salta, ataca

se violenta

agrede, ahoga, asfixia,

aniquila, apresa, enyuga

y aumenta peligrosamente

los ingresos en los manicomios

y las poblaciones carcelarias.

 

No preguntes

de dónde viene la poesía

 

No busques

la respuesta en los poetas.

 

La poesía no es de libros

 

LA DA LA NATURALEZA…

 

Los poetas sólo hacemos

encontrarla, descubrirla


Lo que hemos o no escrito

son sólo hallazgos

o pérdidas

en las siembras.. 

Armando Prieto Sust.

domingo, 8 de marzo de 2015

EL ALMA AL ÓLEO. INTERIORES...







A todos. 

Los amo a todos. 


Amo a mi madre 
y a las madres,  
creadoras del hombre y todopoderosas  
las que dan a sus hijos 
el toque mágico 
del ser humano.

A todos

Los amo a todos.

Amo a los padres; 

al que tuve, 
y al que no tuve, -a los dos-, 
Y al que tengo, 
-los tres-, 
sin los cuales 
hubiera sido imposible llenar mis sueños 
de anhelos tan contradictorios. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos.
A mis hermanos; 
al varón,
-como yo-, 
y a la hembra, 
también como yo. 
A todos.

Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A mis mayores 
y a los mayores. 
A mi abuela, 
(madre de mi padre); 
a mi abuelo, 
(padre de mi madre; 
Los otros dos, no los tuve; 
pero también los amo. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A mis maestros, 
a los que me aprobaron 
y los que me suspendieron. 
Siempre un poco más a los primeros pero, 
mucho, 
mucho más, 
a los que más me enseñaron 
a saber la vida. 
A todos. 
Los amo a todos.

A todos

Los amo a todos.
A mis compañeros de estudio, 
-más a los de fechorías y de indisciplinas-, 
y a los que iban con el chisme a los maestros. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos.
A mis amigos, 
a las mujeres de mis amigos, 
a las amantes de mis amigos; 
y a los amantes de las mujeres de mis amigos que, 
a veces, 
también, son mis amigos... 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos.
A mis enemigos; 
a los de espaldas, 
a los de costado, 
y a los de frente, 
que son los menos, 
pero son los mejores, 
y los amo más. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A los conocidos y a los desconocidos.  
A veces, más a los segundos. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A los que sueñan, 
a los que despiertan, 
a los que luchan, 
a los que sufren; 
a los que sufren en silencio 
para que tú no sufras, 
y, aunque no lo parezca,
luchan, 
y también sueñan. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A los inválidos que caminan 
en los sueños; 
a los ciegos, 
que se miran hacia dentro; 
a los sordos
que se escuchan 
campanadas en el pecho 
y también se miran hacia fuera 
y a todos nos encuentran. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A los que hieden, 
por el poco de limpieza que conservan; 
a los pulcros,
por ser tan poca la impureza que les queda. 
A todos

Los amo a todos. 

A todos. 
Los amo a todos. 
De los crueles, 
de los asesinos, 
amo al hombre 
para, así, 
poder odiar más fuerte 
a la bestia que lo empaña. 
A todos. 
Los amo a todos

A todos. 
Los amo a todos. 

Amo a los viejos, 
que todos fueron jóvenes, 
-y muchos siguen siéndolo-, 
y amo a los jóvenes, 
que no todos serán viejos, 
pero no lloran por eso. 
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A los niños que son niños, 
a los niños que son hombres
a los hombres que son niños
A todos. 
Los amo a todos. 

A todos. 

Los amo a todos. 
A las matronas 
a a las comadronas, 
incluso, 
a la que me asistió en mi nacimiento. 
A los doctores,  
y ahí me incluyo; 
a los artistas y a los poetas, 
a los buenos, a los malos y a los peores.  
Ahí también me incluyo, 
y no confieso en qué fragmento. 
Pero, sí: ¡Los amo a todos..! 
A los intelectuales, 
a los funcionarios 
a los obreros, 
-los de las fábricas y los de la tierra-; 
y a los burócratas, 
-originales y copias-, 
hasta al que asentó 

mi acta de nacimiento 
en el Registro Civil 
y a mi 
porque, en  fin,
amo al hombre 
y a todos. 
Los amo a todos.  

viernes, 6 de marzo de 2015

EL DE AHÍ AL LADO.

EL DE AHÍ AL LADO.
(Poesía)















El de ahí al lado es flor de tu cosecha, 
la misma savia que el alma te engendró. 
El de ahí al lado es pan de tu ancha hornada, 
el de ahí al lado se llama como vos.

El de ahí al lado, ¿lo ves?; se te parece.  
Tiene ojos, sueños, y ostenta  un corazón.  
Tal vez no viste tu suerte o tu elegancia, 
pero está al lado, tragándose el sudor. 

El de ahí al lado es cierto y, por ser cierto, 
anduvo un trecho y tuvo una sanción; 
por eso es bello, aunque no te lo parezca. 
Por eso trajo su hambre y su canción. 

El de ahí al lado tal vez no tenga un nombre 
pero, ¿quién sabe si tiene la  razón? 
y, si no la tiene, ayúdalo a encontrarla. 
No lo abandones. Tú eres su salvación. 

El de ahí al lado puede estropearte  el sueño, 
la mesa, el traje... la muerte y el dolor... 
No lo ignores, no lo eches, no trates de borrarlo. 
El de ahí lado será tu salvación.